Vacaciones en altitud: por qué no hay que empezar el primer día a toda máquina

Vacaciones en altitud: por qué no hay que empezar el primer día a toda máquina

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Las vacaciones en la montaña suenan a aire fresco, ejercicio, vistas y, por fin, alejarse de la rutina diaria. Precisamente por eso, a menudo se planifica el primer día con demasiadas actividades. Salir a correr nada más llegar, subir a la montaña a primera hora de la mañana siguiente, después sauna, buena comida y quizá un paseo al atardecer. Suena bien, pero puede suponer un estrés innecesario para el cuerpo. Precisamente en lugares situados a gran altitud, el organismo a veces necesita más tiempo para adaptarse de verdad.

Esto no tiene nada que ver con la falta de forma física. La altitud, el viaje, los cambios de temperatura y el ejercicio al que no estamos acostumbrados se combinan. Quien planifica mejor el comienzo suele disfrutar más de toda la estancia.

¿Por qué el cuerpo se siente diferente en la montaña?

A medida que aumenta la altitud, cambia el esfuerzo. El aire es más fresco, a menudo más seco, y el cuerpo tiene que regularse más. Aunque no se note de forma drástica de inmediato, el pulso, la respiración y la circulación pueden reaccionar de forma diferente a lo habitual. El cambio se nota especialmente después de un largo viaje en coche, de dormir poco o de una semana de trabajo estresante.

Los síntomas típicos son piernas pesadas, respiración acelerada al subir cuestas, una ligera presión en la cabeza o un cansancio inusual. Esto no tiene por qué ser un problema, pero indica que el cuerpo aún no está en modo vacaciones. Por eso, el primer día es ideal para empezar poco a poco, en lugar de planificar de inmediato el programa más activo.

¿Qué es mejor evitar el día de llegada?

El día de llegada rara vez es adecuado para realizar grandes recorridos. Después de estar sentado durante horas, la espalda, las caderas y las piernas ya están de por sí cansadas. A esto se suman las carreteras desconocidas, el equipaje, el check-in y, a menudo, cierta inquietud interior. Quien se lanza directamente a hacer deporte le quita al cuerpo la oportunidad de adaptarse.

Es mejor un plan claro y sencillo: llegar, beber, moverse un poco, cenar temprano y dormir bien. Es recomendable dar un paseo corto, pero no hacer una ruta larga con desnivel. Tampoco debería ser obligatorio ir a la sauna o realizar actividades de bienestar intensas justo después de la llegada. El calor puede relajar, pero también exigirle mucho a la circulación.

Quien, por ejemplo, utilice el Zischghof, un hotel en Obereggen, como punto de partida para unos días activos, puede optar por pasar la primera tarde tranquilamente y decidir al día siguiente cuánto ejercicio le conviene realmente.

¿Cómo empezar de forma activa sin exigirse demasiado?

Un buen segundo día no empieza con el objetivo más difícil. Es más sensato elegir una ruta que ofrezca varias opciones. Los caminos con atajos, un desnivel moderado y lugares para descansar hacen que el inicio sea más flexible. La hora del día también influye. Por la mañana, el cuerpo no siempre está a pleno rendimiento; al mediodía, el sol puede ser más intenso; y por la tarde, el tiempo en la montaña a veces cambia más rápidamente.

Es importante no solo tener en cuenta la ruta, sino también el estado físico propio. ¿Cómo ha sido la noche? ¿Se sienten las piernas relajadas? ¿La circulación es estable? ¿Hay suficiente agua y protección solar? Quien responda con sinceridad a estas preguntas evitará una ambición innecesaria.

Por qué las pausas no son un día de vacaciones perdido

Muchas vacaciones fracasan no por falta de actividades, sino por falta de descanso entre ellas. Precisamente en la montaña, un descanso suele ser más que simple ociosidad. Ayuda a asimilar las impresiones, a estabilizar el cuerpo y a disfrutar mejor del día siguiente.

Un buen descanso puede ser una mañana tranquila, un desayuno tardío, un paseo corto sin destino fijo o, simplemente, una tarde sin planes. Este ritmo merece la pena especialmente en vacaciones de varios días: un día activo, seguido de un día más tranquilo. Así se conserva la energía, en lugar de tener que dejarlo todo al cabo de dos días.

¿Qué hay que tener en cuenta en la preparación práctica?

Incluso las escapadas cortas a la montaña requieren cierta planificación. Un buen calzado es más importante que llevar ropa bonita. Vestirse por capas ayuda a adaptarse a los cambios de temperatura. También hay que llevar agua, algo para picar, gafas de sol, un gorro o gorra y hacer una valoración realista de los recorridos. Quien viaje con niños, personas mayores o compañeros menos experimentados no debe elegir las rutas en función del miembro más en forma del grupo.

También es útil tener en cuenta el tiempo, el camino de vuelta y los lugares donde hacer una parada. En la montaña es mejor contar con reservas que tener que improvisar sobre la marcha.

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Berlin Poche

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Equipo de redacción

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